cinco palabras
adheridas al cuerpo /
tibias
pegajosas

mi piel las escupió sobre las sábanas
como una bola de pelo
de las que mi gata regurgita

en la duermevela sin rostro
cinco palabras
empujan la noche

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devorar ramos de flores
masticar mansamente el presagio
confiar en lo que se calla
y su retórica

convertir el amor en un suceso gramatical. abrir el gesto y descubrir, en el centro, la promesa encendida / la fugitiva / el agujero en la lluvia. no se olvida lo liviano – capricho blanco habitando violeta -. no se olvida la luz ámbar haciendo sombra siempre al lenguaje.
vayamos a ver el mar. que el vacío parezca un accidente.

 

toda la tensión que atraviesa la espera
estancada en mi cuerpo
toda la tensión
perdiendo su gravedad
para orbitar a media tarde
alrededor de un astro luminoso:
la pelotita de papel albal
que mi gata incuba

hay dulces homenajes que caen sobre los cuerpos
hay santos de calendario que son eterno sin ser retorno
doy la razón negándola
es verdad que no
que no
que no
el salitre en el beso sin sutura escuece
un rugido canta feliz triste aniversario
sólo viento
la verdad que no
que no
que no

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El mundo necesita más pseudopoetas hablando de sí mismos.

Cuando era la niña del lenguaje. Dije luz y me convertí en sombra chinesca. Me escribí bajo los párpados “Dios es chiste” con neones amarillos, y cada pestañeo era una carcajada silenciosa. Descubrí que la belleza será convulsiva o no será, y que el plagio es otra forma de vida (o de escribir poemas). Estrenada vejez a los quince y adolescencia a los veinticinco, a los veintitodos morí.

Hoy en Comala los fantasmas me sacaron a bailar. Bailé y luego salí a mirar cosas. Vi un sol de neón amarillo y sus rayos escribieron en mis párpados: “Este mundo necesita más pseudopoetas hablando de sí mismos”. Así que obediente, me asumí otra vez yo. Yo queriéndote. De momento para siempre. Yo sabiendo que podré porvenir contigo cuando salga de Comala y consiga devenir aquella que fui.

La verdad: en el fondo estoy tranquila, amor, porque sé que tu vientre tiene forma de pila bautismal.

qué limpio qué liso qué puro
lo que se ve

entretanto, los cimientos:
circuitos de nostalgia
raíces en nudos arteriales
que el desencanto aprieta

máquina blanda

girar siempre en torno al sujeto
orbitándolo
succionando su luz
expandiéndose hacia adentro

cada centímetro conquistado
es la amenaza
de la explosión última

acecharlo siempre
hundir las fauces
en uno mismo
como quien hunde el tenedor
en la carne tierna
siendo el tenedor el verbo
y la carne un holograma

 

postal desde barcelona

me hice ciudadela de carne y hueso
quise proteger tus ojos sobre mi cuerpo
crié condicionales de plumas blancas
volaron locos dentro de la piel amurallada

hoy
tu recuerdo se parece a ti:
presumido
caprichoso
de nadie

te cedo sus derechos

siempre tuya, káiser

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Imagen: Alberto García Álix